Sábado, Febrero 29, 2020
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INDICADORES DEL AGRO

AGRICULTURA- GANADERIA COFFEE - CAFÉ USD 1,10 AZUCAR- SUGAR USD 0,1409 COCOA - CACAO USD 2,674.00 COTTON - ALGODÓN USD 0,60 LUMBER - MADERA USD 412.60 SOYBEANS - SOYA (SOJA) USD 891.75 SOYBEAN MEAL - HARINA DE SOYA (SOJA) USD 306.00 SOYBEAN OIL - ACEITE DE SOYA (SOJA) USD 28.56 CORN - MAIZ USD 367.75 OATS - AVENA USD 274.25 WHEAT - TRIGO USD 517.75 ROUGH RICE - ARROZ USD 13.56 LIVE CATTLE - GANADO LECHERO USD 108.53 FEEDER CATTLE - GANADO DE ENGORDE USD 133.40 LEAN HOG - CERDO MAGRO USD 62.15 MINERIA-COMBUSTIBLES NATURAL GAS - GAS NATURAL USD 1.73 BRENT CRUDE OIL - PETROLEO BRENT USD 50.52 LIGHT CRUDE OIL-WTI - PETROLEO WTI USD 44.90 COAL - CARBON USD 45.05 METALES GOLD - ORO USD 1,589.80 SILVER - PLATA USD 16.76 COPPER HIGH GRADE - COBRE ALTA PUREZA USD 2.55 CAMBIO DIVISAS COLOMBIA Dólar (T.R.M) 3,539.86 Euro 3,868.53 Peso Méxicano 178,74 Real Brasilero 785,600

Opinón

El mundo se encuentra a las puertas de la cuarta revolución agraria en la cual las nuevas tecnologías aplicadas están generando un cambio profundo en toda la cadena agroalimentaria. En Venezuela, nos encontramos en los albores de un cambio de gobierno. Pronto tendremos la oportunidad de transitar los senderos que nos permitan traer la agricultura del futuro al presente, otorgándole a nuestros agricultores la merecida y necesaria competitividad en un mercado globalizado, empleando la agrotecnología como base para acometer con éxito, los dos desafíos apremiantes a los que nos enfrentamos.

 

El primero de ellos, el más urgente, el disponer de 62.000 toneladas por día de alimentos de calidad, nutritivos e inocuos cosechados en nuestros campos para lograr alimentar 31 millones de venezolanos, 94 % de los cuales no cuenta con ingresos para cubrir la canasta alimentaria, por lo que se encuentran sumergidos en la pobreza y el hambre.

El segundo, no menos importante, partiendo de la cooperación y del otorgamiento de financiamiento por parte de los organismos multilaterales, al concretarse el cambio de gobierno, tenemos la obligación ineludible de refundar nuestra economía, convirtiéndonos en una nación agroexportadora, sólida y diversificada, no dependiente únicamente de las divisas petroleras, para lo cual debemos alcanzar un crecimiento anual sostenido sobre el 6 % del PIB agrícola, durante la próxima década.

Afortunadamente, como una de nuestras fortalezas tenemos el ser un país joven, aproximadamente el 43 % de nuestra población es menor a los 24 años de edad, lo cual nos coloca en una posición privilegiada para con profundo optimismo, junto a ellos, dar un paso al frente por la Venezuela que nos falta por cultivar y criar.

Nos esperan 50 millones de hectáreas de tierras con potencial para la agricultura vegetal, animal, forestal y acuícola, en cuyos lares aún permanecen negados a rendirse valientes jóvenes, tercera o cuarta generación de familias de productores, o hijos de trabajadores del campo. En sus almas está encendido el deseo infinito de ver germinar la nueva Venezuela agrícola, en la cual estamos dispuestos a asumir el reto de antes del 2040, el duplicar la producción agrícola registrada en nuestros mejores años, mientras que en algunos rubros, el reto será mayor.  

Un desafío a considerar en el diseño de esa nueva Venezuela, es como revertir las migraciones internas de nuestros campos sufridas durante casi un siglo de explotación petrolera. Para 1936 la población rural representaba un 65 %, casi doblada a la urbana, que apenas alcanzaba 35 %. Para inicios del presente siglo, la relación porcentual estaba cercana a 80 % en las ciudades y 20 % en nuestras zonas agrícolas.

Adicionalmente en los últimos años el proceso de despoblamiento rural se ha incrementado como consecuencia de la crisis del país. De nuestras fronteras han emigrado cerca de 4.0 millones de personas, un significativo porcentaje, son profesionales de las ciencias del agro y mano de obra calificada del sector. Revertir este proceso requerirá, además de garantizar condiciones dignas de habitabilidad en los municipios agroproductores, el ofrecerles oportunidades de inserción exitosas en la nueva economía agrícola que se desarrollara desde el mismo momento de la restauración de las libertades políticas y económicas bajo un nuevo gobierno.  

Indispensable en la labor de reconstrucción nacional será llamar la atención del venezolano sobre la importancia de diseñar un sistema agroalimentario robusto, entendiendo que la agricultura es un negocio, y como tal hay que garantizarles a los productores una justa rentabilidad por el noble esfuerzo realizado. Para enfrentar los retos por venir, debemos apoyarnos en el bagaje del sector agroproductivo privado, con demostrada experiencia en satisfacer la demanda de alimentos, cuando en el pasado logró producir el 80 % de los requerimientos del país.

En la Venezuela por germinar, es indispensable el llevar las nuevas tecnologías a nuestros campos para hacer más fácil la vida del productor, mejorando los rendimientos de sus cultivos y rebaños de una forma sostenible, y una mayor rentabilidad de sus unidades de producción. Toda esta transformación que estamos llamados a generar en la transición agrícola venezolana servirá sin duda para que las nuevas generaciones se interesen aún más por la agricultura.

El resultado a alcanzar dependerá igualmente en gran medida de la mejora y actualización significativa del proceso educativo a todos los niveles. La recuperación de las 140 escuelas técnicas agropecuarias distribuidas en la geografía nacional, la actualización de las carreras de las ciencias del agro y del mar que se imparten en universidades, y el justo reconocimiento a la labor de los profesionales del sector, será clave importante para las metas que nos hemos propuesto. Tomemos como referencia de nuestra posibilidades de éxito el ejemplo de la Argentina, nación que en los últimos 25 años, su producción agrícola creció un 300% gracias al uso de tecnología, pasando de 40 a 120 millones toneladas por año. ¡Si se puede!




Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer

Ex Decano de la Facultad de Agronomía de LUZ

@WernerGutierrez

 


El menosprecio a las alarmas encendidas desde la academia y gremios agrícolas durante el gobierno de Hugo Chávez Frías, sobre las consecuencias negativas que su política económica – agrícola ocasionaría en la producción y accesibilidad de alimentos en Venezuela, dejó en evidencia que embriagado por el espejismo del boom petrolero, su desacertada decisión era “no sembrar el petróleo, sino el chavismo”. Traicionando los intereses nacionales, la riqueza recibida fue utilizada para darle soporte al proyecto político del “Socialismo del siglo XXI”, y no para generar bienestar a la población.

 

En el momento de mayores ingresos petroleros el Chavismo – Madurismo, entre el 2004 y 2014, fue capaz de dilapidar sobre los 816 mil millones de dólares generados por exportaciones de este mineral y endeudamiento externo. Para dibujar la magnitud del dinero despilfarrado tomemos en cuenta que según diversos especialistas, el plan de recuperación de la economía venezolana post Nicolás Maduro, requerirá en su fase inicial cerca de los 80 mil millones de dólares, es decir, el 10 % de esa obscena cifra, la cual en su mayor parte sirvió para enriquecer a un reducido grupo de venezolanos y a sus socios de la izquierda internacional.

 

El plan del gobierno ha sido el controlar el proceso de producción, generando intencionalmente la inaccesibilidad a los alimentos y el empobrecimiento de la población. Su objetivo ha sido cumplido, el 86% de las personas que pasaron hambre en la región son venezolanas (FAO, 2018). En 1998, el 45 % de nuestros hogares se encontraban en situación de pobreza de ingresos, pasando esta cifra en 2018 a 94.0 % de familias bajo esta precaria situación (ENCOVI).

 

La destrucción del aparato agroproductor nacional, reflejada en una caída sobre el 65 % en la producción de la totalidad de los rubros desde el 2008 al 2018, fue parte del plan de Chávez – Maduro, como paso previo para crear la dependencia y sumisión del venezolano. Literalmente el pueblo ha sido obligado a refugiarse en la limosna de un estado manipulador. Al cierre del 2018 el 63 % de la población, declara ser receptora de alguna de las misiones sociales del gobierno.

 

El corregir este escenario, nos exige hacer las cosas de una manera diferente. Es indispensable generar cambios profundos en la concepción del modelo económico  - agrícola, alejándonos de la omnipresencia y proteccionismo estatal, dirigiendo los esfuerzos a construir un sector agroproductor privado robusto, eficiente y competitivo. Estamos en el momento histórico justo para darle un giro a nuestra suerte, debemos ser capaces de crear nuevas fuentes sostenibles de ingresos. El petróleo esta conminado a dejar de ser “la sangre de la economía nacional”, considerando que “tan pronto como en el 2030 sólo será una de las cinco fuentes principales alternativas de energía en el mundo”.

 

He repetido de manera insistente, la urgente necesidad de cambiarle el subconsciente agrícola al venezolano. La verdadera riqueza de nuestra nación está en sus campos, en el valor y compromiso de su gente. La historia demuestra que somos una nación en esencia de vocación agrícola. Sobreponiéndose a las últimas dos décadas, aun la agricultura es base fundamental en 17 de nuestros 24 estados. No existe otra actividad económica capaz de generar mayores fuentes de empleo y bienestar en la ruralidad venezolana, como la producción y transformación de alimentos. Adicionalmente, al recuperar la agricultura nacional, estaríamos dando solución a uno de los problemas más importantes en nuestros hogares, la inseguridad alimentaria.      

 

Nuestra frontera agrícola con el uso de las nuevas herramientas tecnológicas disponibles, puede ser ampliada a 50 millones de hectáreas, ubicándonos entre los 15 primeros países del mundo con suelos disponibles, no utilizados actualmente, con potencial agrícola vegetal, animal, forestal y acuícola, pero además disponemos de 700 mil km2 de zona estratégica para el desarrollo pesquero y acuícola.

 

Estamos conscientes que para atender la emergencia agroalimentaria es urgente habilitar de inmediato el canal humanitario para ingresar alimentos elaborados, pero esta medida es de limitado y transitorio alcance.  Paralelamente es necesario el destinar cerca de 1.5 millardos de dólares para atender las demandas de agroinsumos, repuestos y maquinaria agrícola que permita abordar con éxito el año agrícola venezolano 2019.

 

El Banco Interamericano de Desarrollo y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura han manifestado públicamente su disposición de acompañarnos en este reto que estamos a las puertas de asumir bajo un nuevo modelo político. En los próximos días, continuaremos recibiendo el ofrecimiento de diversos organismos multilaterales y de países con amplia tradición agrícola, cuya historia les ha enseñado que el impulsar la agricultura, es la mejor vía para vencer el hambre y la pobreza.


 

Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer

Ex Decano de la Facultad de Agronomía de LUZ

@WernerGutierrez


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